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Expedición “Alpamayo arista este” (5947 m.s.n.m.)
Agosto 2006

En enero escalé, con otros montañistas, el pico nevado del Cóncavo (5.150 m.s.n.m.), por una ruta a la derecha de la normal, “la pared anexa del Cóncavo”; que inicia con una pared de 150 metros y un máximo de 60º de inclinación, y termina con una arista que, siguiendo a la izquierda, lleva directo a la cumbre. Ese día me gustó escalar la arista, y fue cuando me di cuenta que me apasionaba más escalar vías poco transitadas (con mayor dificultad).

Una tarde del mes de marzo, estando en la oficina, algo en mi interior me decía que quería escalar en Cordillera Blanca (Perú); pero no sabía qué. Busqué en Internet fotografías de montañas de Perú y sus posibles rutas para saber cuál sería la mejor alternativa. Al ver tantas montañas se complicó tomar la decisión; entonces pensé en Óscar como compañero de escalada, la persona más indicada porque él ya había escalado en Perú y porque habíamos tenido un buen trabajo en montaña. Le planteé mi idea; tras un sí inmediato, le pregunté qué ruta tenía en mente, entre muchas ideas recuerdo el Ranrapalca por la ruta de los polacos; yo le dije que quería algo tostado, no suicida; propuse escalar el Alpamayo por la arista este, que no tiene repeticiones desde su apertura, (no existe registro alguno) y la respuesta fue “listo, ¿cuándo? y lo mas importante, ¿cuánto nos cuesta?”.

En agosto 17 ya estábamos listos para montarnos en el bus que nos llevaría a Perú junto con tres morrales llenos de equipo de montaña y escalada, y lo más importante, sueños. Es así como el 20 de agosto estábamos en Huaraz averiguando por información de la ruta, pero toda la información que tuvimos fue “tienen que estar fuertes para hacerla”. En fin, tres días para cuadrar todo: comida, transporte, mulas, y todo lo que implica escalar una montaña por un sitio que nadie conoce; pero eso es lo emocionante de escalar y de vivir el momento.

Es tanto para contar, pero poco espacio para redactar. La aproximación fue de 2 días hasta el campo base del Alpamayo. La primera vez que lo tuve al frente y lo vi, tuve una sensación de incertidumbre, pasaron por mi mente muchas preguntas, cuyas respuestas sólo se irían dando en el camino. Instalamos el campo base y nos dispusimos a contemplar la belleza del lugar. Los próximos tres días fueron de reconocimiento de la ruta a tomar y de porteo al campo morrena, que quedó ubicado en el borde del glaciar. El porteo del equipo y de la comida, subir equipo de roca y de hielo más comida para 12 días entre dos personas, sobra decirlo, fue pu**mente duro. Es más que comprensible, yo estuve un poco lento; Oscar fue en todo momento un motor para mí, ya que verlo siempre de primero me impulsaba a continuar adelante. Al montar el campo morrena teníamos mejor vista de la arista, pero no nos decía cómo podíamos proceder, eso contando con binóculos y que aparentemente se veía el glacial fácil de atravesar, y qué ruta posible para tomar.

De ahí en adelante todo fue la mejor experiencia que he podido tener en alta montaña. Como siempre lo he dicho, escalar montañas no es sólo llegar a las cumbres, lo mejor es la experiencia y el aprendizaje que te deja escalarlas, esa es mi verdadera cumbre, ese es el punto más alto al que un ser humano puede llegar, encontrar su interior abierto a su exploración, el convivir solos con la naturaleza ¿Qué tan fuerte es la naturaleza? ¿Qué tan fuerte soy? ¿Estoy preparado para todo? ¿Incluso la muerte? Son tantas preguntas que en esos momentos pasan por la mente, que sólo llevan a una respuesta: ESTO ES VIVIR MI VIDA.

Escalar montañas es algo que en un tiempo de mi vida jamás llegué a imaginar, y mucho menos que mi vida terminara girando en torno a ellas, ¿pero cuándo se sabe qué va a suceder en el futuro? El trabajo de montaña es interesante: el saber cómo trabajar en equipo, saber qué tan fuerte eres para tomar las decisiones correctas en los momentos justos, el darle la mano a tu compañero cuando la necesite (sólo los montañistas saben de lo que estoy hablando). Es trabajo en equipo; de lo que escuché hablar a lo largo de mi vida, en el colegio, en la vida laboral, en la familia, etcétera; pero sólo lo viví y lo aprecié en las montañas, y con las personas que están entorno de ellas.

Sólo queda extender dos invitaciones. La primera, no crean todo lo que les conté, sólo tomen impulso y láncense a vivirlo ustedes mismos. Y la segunda es a no renunciar a los sueños, que por más difíciles que parezcan siempre hay caminos para llegar a ellos.

Agradecimientos a:
KRUX LTDA donde he crecido como persona y deportista.
PROFESIONALES EN CONSTRUCCION Y DISEÑO. Por creer en mí sueño.
MONODEDO por su apoyo.
MI FAMILIA Y AMIGOS por apoyarme en todas las decisiones que he tomado.
ÓSCAR SÁNCHEZ por compartir este sueño que aún no termina.
A DIOS por permitirme vivir para contarlo, y por darme la oportunidad de conocer nuevas personas que rodean mi vida (gracias Javier Montañes, Claudia Caceda y Jessica)


Steven Barrera
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